AMOR EMBOTELLADO.
En la incansable (o mejor dicho inalcanzable) búsqueda del
amor todos a mi alrededor parecen haber sido bendecidos por la suerte de tener hombres
maravillosos en sus vidas.
Debo admitir que suelo aburrirme con facilidad, en el
momento en el que el día empieza a perder ritmo, mi reacción instintiva es
tomar el celular y enviar mensajes al primer contacto que se me pone enfrente. En
mis andanzas a lo largo del camino del ligue he tenido la oportunidad de
conocer a cientos de patanes y a unos pocos que vale la pena conservar como
amigos (si todos ellos son parte de la maldición de la primera cita). También en
mi lista de contactos están esas pequeñas posibilidades que por muy remotas que
puedan parecer, me hacen conservar un resquicio de esperanza de que algún día
salga de mi soltería.
Es con ellos con quien suelo matar los momentos así, los
amigos que quedaron de las más desastrosas citas fallidas o aquellos que nunca
han tenido la oportunidad de decepcionarme o decepcionarse. Platicas amenas,
algunas superficiales, pero algo ha cambiado, talvez sean los vientos o el
hecho de que estamos en plena primavera, pero todos aquellos con los que podía contar
para liberar tensión se han vuelto presas del enamoramiento y de la ilusión
propia de estar con una pareja, que si encuentran doctores, abogados, maestros
etc. El punto es que todos parecen haber encontrado a alguien a quien tenían tiempo
anhelando.
Eso me hace preguntarme ¿soy solo yo? Quien en un océano lleno
de hombres nada solo contra corriente.
Talvez algo está mal en mi o en mi proceder, quizá no he
tomado las decisiones correctas o puede que se trate de que simplemente tenga
que seguir buscando hasta que el amor me golpee en las narices con una fuerza
tan estrepitosa que me haga darme cuenta de que todo lo vivido me guio a ese
momento.
Relacionarme nunca ha sido fácil y debo decir que si lo ves
de un punto de vista externo tengo la tendencia de utilizar a las personas, aunque
quien no lo hace ¿cierto?
Utilizamos a las personas para no estar solos, o para conseguir
algo que deseamos y/o necesitamos.
Viviendo en una época en la que la retribución instantánea es
lo más buscado el proceso del amor se ha agilizado antes salías a divertirte
para conocer personas ahora esta tinder o grindr, antes intercambiaban teléfonos
había llamadas ahora tenemos masajes y emojis (que francamente nunca he
entendido con que finalidad poner una cara amarilla que parece estreñido dice
tanto), después de las llamadas venia la primera cita, luego la segunda y si
llegaban a la tercera podrían saber si había química a la hora del primer beso,
pero ahora después de 15 minutos de estar enviando mensajes y emojis quedan
para verse y solo hay dos opciones:
El sexo exprés o simplemente una cita desastrosa (posiblemente
la principal causa de la maldición de la primera cita), si fueron afortunados y
sobrevivieron la primera cita y el beso fatal de la química parecen haber
encontrado una razón más para acelerar y no se detienen.
Ese rush que se siente en la sangre, el palpitar del corazón
que te hace creer que en cualquier
momento se saldrá de tu pecho y las mentadas
mariposas revoloteando en el estómago, acaso estoy remotamente mal por querer
eso también.
Creo que no queda más remedio que seguir recurriendo a los
medios que actualmente parecen ofrecer más eficacia y dejar de lado el viejo
cortejo para seguir siendo parte de esta era de AMOR EMBOTELLADO.
