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jueves, 9 de junio de 2016

AMOR EMBOTELLADO.



¿Soy solo yo? O todo el mundo parece encontrar al hombre ideal con solo mirar a su lado derecho.


En la incansable (o mejor dicho inalcanzable) búsqueda del amor todos a mi alrededor parecen haber sido bendecidos por la suerte de tener hombres maravillosos en sus vidas.


Debo admitir que suelo aburrirme con facilidad, en el momento en el que el día empieza a perder ritmo, mi reacción instintiva es tomar el celular y enviar mensajes al primer contacto que se me pone enfrente. En mis andanzas a lo largo del camino del ligue he tenido la oportunidad de conocer a cientos de patanes y a unos pocos que vale la pena conservar como amigos (si todos ellos son parte de la maldición de la primera cita). También en mi lista de contactos están esas pequeñas posibilidades que por muy remotas que puedan parecer, me hacen conservar un resquicio de esperanza de que algún día salga de mi soltería.


Es con ellos con quien suelo matar los momentos así, los amigos que quedaron de las más desastrosas citas fallidas o aquellos que nunca han tenido la oportunidad de decepcionarme o decepcionarse. Platicas amenas, algunas superficiales, pero algo ha cambiado, talvez sean los vientos o el hecho de que estamos en plena primavera, pero todos aquellos con los que podía contar para liberar tensión se han vuelto presas del enamoramiento y de la ilusión propia de estar con una pareja, que si encuentran doctores, abogados, maestros etc. El punto es que todos parecen haber encontrado a alguien a quien tenían tiempo anhelando.


Eso me hace preguntarme ¿soy solo yo? Quien en un océano lleno de hombres nada solo contra corriente.


Talvez algo está mal en mi o en mi proceder, quizá no he tomado las decisiones correctas o puede que se trate de que simplemente tenga que seguir buscando hasta que el amor me golpee en las narices con una fuerza tan estrepitosa que me haga darme cuenta de que todo lo vivido me guio a ese momento.


Relacionarme nunca ha sido fácil y debo decir que si lo ves de un punto de vista externo tengo la tendencia de utilizar a las personas, aunque quien no lo hace ¿cierto?


Utilizamos a las personas para no estar solos, o para conseguir algo que deseamos y/o necesitamos.


Viviendo en una época en la que la retribución instantánea es lo más buscado el proceso del amor se ha agilizado antes salías a divertirte para conocer personas ahora esta tinder o grindr, antes intercambiaban teléfonos había llamadas ahora tenemos masajes y emojis (que francamente nunca he entendido con que finalidad poner una cara amarilla que parece estreñido dice tanto), después de las llamadas venia la primera cita, luego la segunda y si llegaban a la tercera podrían saber si había química a la hora del primer beso, pero ahora después de 15 minutos de estar enviando mensajes y emojis quedan para verse y solo hay dos opciones:


El sexo exprés o simplemente una cita desastrosa (posiblemente la principal causa de la maldición de la primera cita), si fueron afortunados y sobrevivieron la primera cita y el beso fatal de la química parecen haber encontrado una razón más para acelerar y no se detienen.


Ese rush que se siente en la sangre, el palpitar del corazón que te hace creer que en cualquier 
momento se saldrá de tu pecho y las mentadas mariposas revoloteando en el estómago, acaso estoy remotamente mal por querer eso también.


Creo que no queda más remedio que seguir recurriendo a los medios que actualmente parecen ofrecer más eficacia y dejar de lado el viejo cortejo para seguir siendo parte de esta era de AMOR EMBOTELLADO.

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